¿Qué habrá pasado con los Pomar?, fue la pregunta que durante más de 20 días recorrió el país de punta a punta. La misteriosa desaparición de una familia completa, era un hecho muy grave como para no caer en los vaivenes de la opinión pública y el morbo de muchos medios de comunicación.
Fernando Pomar de 41 años, estaba casado con Gabriela Viagrán de 35, juntos tenían dos hijas, Candelaria de 6 años y Pilar de 3.
Vivían en José Mármol, partido de Almirante Brown, Buenos Aires, en una típica casa de clase media, Fernando desde mayo estaba desocupado, pero se mantenían con el dinero de la indemnización y trabajos esporádicos. Gabriela se encargaba de la crianza de las nenas y de otro hijo de 13 años fruto de una relación anterior. Para el ojo de los vecinos y familiares, no había nada extraño ni desequilibrante en está familia tipo del conurbano.
Pero el 14 de noviembre, cuando se dirigían a Pergamino, a visitar familiares, desaparecieron sin dejar rastro, nada se supo de ellos, y las hipótesis empezaron a nacer deformadamente.
Algunas de las teorías fueron, que se habían ido del país; que huyeron a causa de deudas económicas, un drama pasional, Fernando habría matado a su mujer y sus hijas para luego suicidarse, y si no fue el, una posible ex pareja; un accidente, hipótesis rápidamente descartada; un secuestro extorsivo; un asalto, con el posterior asesinato de todos.
A estas presunciones, se le suman los testimonios de personas que los vieron en Mendoza, en Neuquén, en localidades bonaerenses, en Chile, y hasta el disparate que habrían sido abducidos por extraterrestres.
Se hicieron múltiples rastrillajes, por la zona en que habrían transitado en su último viaje, se investigó sobre posibles conflictos familiares, y si Fernando Pomar habría comprado un arma en los últimos días. Los medios tomaban y explotaban cada una de las conjeturas que se tramaban diariamente, desde
Cuando ya se agotaron las hipótesis, tanto las posibles como las imposibles, se devela el misterio. La familia Pomar murió a causa de un accidente de tránsito, sospecha lógica e inmediatamente descartada por quienes estaban al mando del caso. Su Duna Weekend rojo, yacía volcado a
No queda mucho por decir, ya se habló bastante sobre la infortunada familia. Sólo queda por preguntar, ¿Es esa la policía que nos brinda seguridad?, la que en 24 días no pudo ver lo que tenía en frente de los ojos. ¿Se castigará la inoperancia e ineptitud policial y fiscal?, y ¿la irresponsabilidad con que los medios manosearon a la familia?
Preguntas sin respuestas, pero sí la certeza que después de un largo viaje, la familia Pomar descansa en paz.
Enlaces: La Nación
PREGUNTA: ¿Qué deja el caso Pomar?









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